Author Archives: Judit March

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Fobia social o trastorno de ansiedad social: algo más que timidez.

¿Qué es la fobia social?

Todos conocemos la sensación de inquietud o de incomodidad delante de una situación social, al tener que exponer delante de una gran cantidad de gente o al conocer personas nuevas. Hablar en público o entrar en una habitación llena de desconocidos no es precisamente emocionante para todos, especialmente para las personas tímidas o introvertidas, pero la mayoría de la gente puede exponerse a ello y soportarlo.

Sin embargo, para las personas con un trastorno de ansiedad social (también conocido como fobia social) el estrés que genera estas situaciones es tan difícil de gestionar que podrían llegar a evitar todo contacto social para no tener que exponerse a estímulos que otras personas consideran “normales”. Estas personas incluso pueden tener dificultades para entender cómo otras personas pueden manejar estas situaciones tan fácilmente.

Cuando se evitan todas o gran parte de las situaciones sociales, las relaciones personales se ven afectadas, hecho que puede llevar tambien a deteriorar la autoestima, a generar pensamientos negativos que contribuyen al bajo estado de ánimo y a la alta sensibilidad a la crítica.

El trastorno de ansiedad social o la fobia social se caracteriza por un miedo intenso, persistente y excesivo en respuesta a una o más situaciones sociales y es uno de los trastornos mentales más comunes. En el presente artículo te ayudamos a saber si tu silencio social ha ido más allá de la timidez como para que pueda  considerarse objeto de atención por parte de un especialista.

 

¿Cómo diferenciar la fobia social de la timidez?

La timidez es un rasgo de la personalidad más o menos estable a lo largo de la vida, si bien  puede producir algunas limitaciones no es considerada un trastorno, a diferencia de la ansiedad social, que es considerada patológica y objeto de atención clínica. A diferencia de la timidez, la ansiedad social tiene un elevado grado de impacto sobre todas las esferas de la vida de la persona que lo padece, ya sea en su ámbito personal, social como laboral. Otra diferencia es que la persona tímida o introvertida, aunque puede retraerse o evitar determinados entornos sociales porque experimenta cierta inquietud o malestar, esta evitación no está motivada por el miedo, a diferencia del fóbico social.

Así pués, el grado de malestar que produce, la ansiedad anticipatoria que produce el enfrentarse a situaciones sociales temidas y la evitación de las mismas, son características que definen a este trastorno.

fobia social, TOC, obsesionesLa fobia social implica unos niveles muy elevados de ansiedad delante de situaciones sociales que provocan taquicardias, temblores, crisis de ansiedad y otros síntomas de intensidad muy elevada. Otra diferencia es que en la fobia social se da una evitación de situaciones sociales de una manera continuada y persistente, sin embargo la persona tímida, aunque no se sienta segura en dichos contextos, sí es capaz de llevar a cabo una interacción en situaciones sociales, por ejemplo, puede ser que una persona tímida vaya a una fiesta aunque no se sienta del todo cómodo o hable poco, pero el fóbico lo evitará si tiene la ocasión de hacerlo.

Otra diferencia entre personalidad tímida y fobia social es que la primera suele sentir incomodidad o inquietud delante  situaciones o personas concretas,  cuando en la fobia social el miedo es más generalizado. La persona con fobia social presenta un miedo y preocupación tan continuado y de intensidad tan elevada que este problema llega a ser una interferencia en su vida personal y social,  la persona tímida en cambio puede sufrir en un momento determinado a causa de la percepción de incapacidad para relacionarse o de poner límites pero esto no le supondrá una interferencia de manera continuada en su vida diaria.

¿Cuando sucede?

Cualquier persona con fobia social puede experimentar en diferentes contextos el problema: en situaciones en las que tiene que hablar con extraños, cuando tiene que hablar en público, en citas, cuando tiene que mantener el contacto ocular con su interlocutor, cuando tiene que hacer uso de baños públicos, yendo a fiestas, a la hora de iniciar conversaciones, etc.

Puede ser que las dificultades no se manifiesten en todos estos contextos, por ejemplo, dar un discurso puede ser fácil, pero ir a una fiesta puede resultar ser una pesadilla. O podría ser fácil mantener conversaciones individuales pero no entrar en una sala abarrotada de gente.

Todas las personas socialmente ansiosas tienen diferentes motivos para temer ciertas situaciones. Pero en general, se trata de un miedo abrumador a ser juzgados por otros en situaciones sociales, a ser el centro de atención, a sentirse avergonzado o humillado y mostrarlo ruborizándose, sudando o temblando.

Estar personas pueden temer ofender a alguien accidentalmente o pueden tener miedo a exponerse a una situación de conflicto (lo que dificulta a la persona el poder poner límites y defenderse delante de determinadas situaciones).

La ansiedad puede aparecer inmediatamente antes de un evento como antipipación de las consecuencias aversivas que les genera el hecho de exponerse a una situación social determinada o puede manifestarse en forma de preocupaciones ansiosas o pensamientos obsesivos. La fobia social suele aparecer alrededor en la adolescencia y puede estar vinculado a un historial de abuso, intimidación o burlas. Los niños tímidos también tienen más probabilidades de convertirse en adultos con ansiedad social, al igual que los niños con padres dominantes.

La personas con fobia social acostumbran a presentar problemas de concentración o bloqueos delante de situaciones sociales, suelen focalizarse en si mismos sobre todo en los síntomas físicos y también estan muy pendientes de los demás, de lo que puedan pensar sobre ellos por temor a ser rechazados, evaluados o críticados. Muestran una gran preocupación a que las personas de su alrededor se den cuenta de sus síntomas de ansiedad o a que puedan hacer sentir incómodos a los demás.

La parte más difícil y a la vez más importante delante de una fobia social es pedir ayuda. La Psicoterapia basada en la terapia cognitivo-conductual es especialmente útil para tratar la fobia social. La técnicas que se utilizan des de esta corriente psicoterapeutica dan herramientas para cambiar formas de pensar, de comportarse y reaccionar ante distintas situaciones para sentir menos ansiedad o temor, a la vez que aportan herramientas para aprender y practicar habilidades sociales. En el tratamiento de la fobia social es altamente recomendable alternar la terapia individual con la terapia en grupo.

Si crees que puedes presentar un problema de ansiedad social, en JM Psicologia somos expertos en trastornos de ansiedad y podemos ofrecerte terapia psicológica.

 

Judit March

Dra. en Psicología Clínica y Psicoterapeuta.


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Ruptura de pareja: aspectos emocionales de la separación y cómo superarla.

Ruptura de pareja: aspectos emocionales de la separación y cómo superarla.

Una ruptura de pareja implica un proceso de adaptación a una serie de cambios en el que aparecen diferentes emociones que se tienen que experimentar y superar. Es normal que el separarse de la pareja sea algo doloroso, pero muchas veces no queda otra que asumir la pérdida y darse permiso a experimentar el duelo.

Algunas separaciones son liberadoras y otras traumáticas, otras son más o menos dolorosas, pero una ruptura siempre genera un impacto emocional tanto en la persona que deja como en la que es dejada. Es importante entender las causas de la ruptura de pareja y darle un nuevo significado, no somos responsables de todo aquello que nos sucede, pero sí del sentido que le damos y de cómo sentimos y reaccionamos ante aquello que nos sucede.

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Terapia EMDR y Trastorno por estrés postraumático.

Terapia EMDR y Trastorno por estrés Postraumático. Técnicas de intervención psicológica.

Tratamiento del estrés postraumático: técnicas de intervención y EMDR

Escrito por: DRA. JUDIT MARCH
Editado por: PATRICIA PUJANTE CRESPO

El Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT) es un trastorno de ansiedad caracterizado por la aparición de síntomas propios que siguen a la aparición de un acontecimiento estresante y traumático, en el que el individuo se ve envuelto en hechos que representan un peligro real para su vida o cualquier otra amenaza para su integridad física o psicológica.

La Psicología y las técnicas de EMDR pueden ayudar
en el Trastorno del Estrés Postraumático

 

 

Síntomas de Trastorno por Estrés Postraumático

Los síntomas pueden aparecer en personas que han vivido la experiencia traumática en primera persona y también puede manifestarse en familiares u observadores cercanos al hecho. La gran parte de las personas que experimentan una situación traumática presentan síntomas al principio, solo algunas de ellas desarrollarán un TEPT a medio o a largo plazo y el trastorno se manifiesta aproximadamente en un 20% de las personas que viven un acontecimiento traumático (Casado, M 2003).

Las posibilidades de desarrollar este trastorno dependen de muchas variables:

  • La intensidad o duración de la experiencia traumàtica
  • La proximidad con el acontecimiento
  • La intensidad de la reacción experimentada por la persona
  • El grado de control sobre lo sucedido
  • El grado de apoyo que recibe la persona después de experimentar el acontecimiento traumático

 

Cómo abordar el Trastorno por Estrés Postraumático desde la Psicología

Las técnicas que se han demostrado como las más eficaces para tratar el trastorno por estrés postraumático (TEPT) son las intervenciones derivadas del modelo cognitivo-conductual (exposición en vivo o en imaginación, desensibilización sistemática, reestructuración cognitiva) y la Terapia EMDR (desensibilización y reprocesamiento a través de movimientos oculares).

 

Terapia EMDR para el Trastorno por Estrés Postraumático

La terapia EMDR és un abordaje psicoterapéutico que fue inicialmente desarrollado como un tratamiento eficaz para intervenir sobre el Trastorno de Estrés Postraumático, y que posteriormente, dada su eficacia, se ha ampliado a multitud de patologías. Este método está preferiblemente indicado para trabajar eventos traumáticos, aunque también es eficaz para trabajar con los problemas del estado de ánimo como ansiedad, depresión, estrés laboral, duelos no resueltos, etc.

La intervención tiene como principal objetivo el poder situar las cosas del pasado en el pasado y poder vivir el presente con más libertad. Podemos decir que “EMDR” es una forma de ayudar a la mente a recuperarse y si además la combinamos con Terapia Cognitivo-Conductual los resultados que se consiguen son mucho mejores, mucho más estables y más duraderos en el tiempo.

Normalmente se trabaja básicamente desde estas dos orientaciones de manera combinada, desde la Terapia Cognitivo-Conductual y desde la terapia EMDR.

 

 

Diferencia de la EMDR con otras terapias para el Trastorno de Estrés Postraumático

El protocolo de aplicación del EMDR pone en funcionamiento el mecanismo mediante el cual la información referente a la experiencia traumática se reestructura o reprocesa favoreciendo la regulación emocional en el presente y facilitando el cambio a nivel de pensamiento. La aplicación del proceso incluye la estimulación bilateral alternada (combinando la parte derecha e izquierda del cuerpo) mediante el movimiento ocular“tapping”(golpecitos en los rodillas o en las manos) o a nivel auditivo.

Este procedimiento estimula los dos hemisferios cerebrales, favoreciendo la comunicación entre estos y desbloqueando la información contenida en el sistema nervioso. Así, todos los aspectos que habían quedado fragmentados por la situación traumática se vuelven a estructurar y se integran adecuadamente a nivel neuronal, pasando a ser parte de los recuerdos, es decir, dejan de activarse en el presente y dejan de causarnos malestar. La emoción del miedo que era consecuencia de los hechos pasados desaparece dejando paso a una sensación de seguridad.

El EMDR es una técnica científicamente demostrada como muy eficaz, rápida, potente y estable. Actualmente está recomendada por las guías de práctica clínica en países como EE.UU. Inglaterra, Irlanda e Israel así como por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como intervención imprescindible en tratamientos relacionados con el Trastorno por Estrés Postraumático, tanto en población infantil como en adulta.

Artículo extraído de la web médica “Top Doctors”.

Judit March Fuentes, Dra. en Psicología Clínica y Psicoterapeuta. Especialista en Terapia EMDR por la Asociación EMDR España.


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estrés en vacaciones

Las vacaciones me estresan.

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Vacaciones y estrés. ¿Qué nos estresa del periodo vacacional y qué podemos hacer para evitarlo?

Aunque parezca sorprendente las vacaciones pueden ser una fuente de estrés. Existen diferentes factores, ya sean personales, sociales y familiares que explicarían el por qué algunas personas se estresan con la llegada de las vacaciones.

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psicoterapia antidepresivos

Sobremedicación y salud mental ¿Patología o normalidad?

Sobremedicación: El fármaco de la “normalidad”.
 
El desenfreno por la sobremedicación para regular la conducta de niños y adolescentes está poniendo en evidencia problemas existentes en nuestra sociedad, el deseo de controlar a toda costa el comportamiento de los demás de manera rápida y sin tener en cuenta sus efectos secundarios así como la incapacidad que tenemos para comprender al otro.

Los psicofármacos son necesarios y de gran utilidad en el caso de los trastornos mentales severos y persistentes, pero a la hora de tratar problemas psicológicos, lejos de ayudar en estos problemas los empeora: la sobremedicación causa más daños que beneficios.

En la actualidad, antes de que cambiar el entorno en el que vivimos, preferimos alterar nuestros cerebros para que se adapten al entorno. Existe cierta tendencia a considerar que la timidez, la rabia y otras emociones o rasgos “indeseables” no son una parte natural de la condición humana sino que son enfermedades, problemas que se deben solucionar a través de pastillas.

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¿Por qué vamos al psicólogo?

Nuestra colaboración en la revista semanal de La Vanguardia…
Hablamos sobre cuáles son los motivos por los cuáles la gente acude a la consulta de psicología y cómo los factores sociales y el estilo de vida están generando problemas psicológicos que sin llegar a ser trastornos, constituyen factores de malestar mental.
Que tengáis una feliz semana!

 http://www.magazinedigital.com/historias/reportajes/que-nos-preocupa-segun-los-psicologos

Qué nos preocupa (según los psicólogos)

Los psicólogos son observadores privilegiados de las preocupaciones más intensas de la sociedad. En sus consultas se habla de soledad, rechazo, competencia, presión laboral, presión social, crisis de pareja, falta de comunicación… Son factores de malestar mental nuevos o que se han intensificado en las últimas décadas por el estilo de vida y el sistema económico.

Una persona pasa junto a un gran agujero. Una fuerza la impulsa hacia dentro y se sujeta para no caer. Puede que caiga, que esquive el riesgo o que se dañe en el esfuerzo por resistir. Con esta imagen intenta explicar a sus pacientes la psicóloga de Barcelona Judit March cómo las personas afrontamos los embates de la vida. Quienes llegan a consultas como la suya son los que caen en el agujero, los que intentan evitarlo pero no resisten más e incluso los que lo sortean pero temen caer. El agujero serían la ansiedad y la depresión, que hoy son los principales males que llevan a una consulta de salud mental. U otras formas de malestar.

De la depresión como una plaga para la salud mundial hace ya unos años que se habla, pero vista la cantidad de consultas, ahora somos también una sociedad ansiosa. Aunque cuidado: psicólogos y psiquiatras advierten que no se debe etiquetar como ansioso ni depresivo a nadie. De entrada, porque son males transitorios; se curan.

Quien sufre un trastorno de ansiedad cuenta al psicólogo o al psiquiatra que se siente infeliz, o que no ve salidas en su vida o ve su bienestar amenazado. Está irritable, con problemas para dormir, tiene palpitaciones, ahogos… El malestar emocional puede acabar en dolencia; llega un punto en que impide una vida normal, plena. Muchas veces, los pacientes ya han ido a uno y otro médico y llegan al profesional de salud mental con recetas de Diazepam, Orfidal u otros ansiolíticos y antidepresivos que tampoco han acabado de resolver su problema. La salud mental tiene como tratamiento estándar la combinación de fármacos y psicoterapia, pero es constante el debate sobre si se medica en exceso o se hace poca terapia.

Entre los pacientes con ansiedad, hay más mujeres que hombres. Las de entre 30 y 50 años (aunque ellos también), en muchos casos, explican que no pueden responder a las exigencias laborales y familiares. O se sienten fracasadas. El agobio por una mala situación laboral puede derivar igualmente en ansiedad, incluso más que en estrés, cuenta Isabel Arostegi, psicóloga del Centro Arriaga de Bilbao.

Vacío y soledad
Mujer de 65 años con depresión. Siente que su vida está vacía, se siente muy sola. “Mis hijos tienen su vida, no quiero molestarles”, dice

Falta de comunicación  Pareja en que él dice
no saber qué quiere ella; ella se queja de que
“ya no hablamos,
somos como dos desconocidos”

Algunos profesionales enmarcan dentro de la ansiedad trastornos mentales diversos como el de pánico, el obsesivo compulsivo (TOC), la fobia social o el estrés postraumático, porque en todos se sufre ansiedad, señala Virginia Dehesa, psicóloga del Centro de Terapia de Conducta de València. Son casos de TOC en que las personas tienen pensamientos recurrentes del tipo “y si a mi hija le pasa algo…”, “si me echan del trabajo…” O son personas con pánico al rechazo de los demás –el síndrome hikikomori japonés, de aislamiento social, también se da entre jóvenes y adultos de aquí– o hasta de gran miedo a conducir. O son menores con pánico a los exámenes, al fracaso.

En EE.UU. se considera el uso compulsivo de los smartphones un factor más que genera ansiedad, sobre todo entre los más jóvenes. March cree que ayuda también a explicar la ansiedad reinante que existen poca tolerancia a la frustración y muchas incertidumbres vitales. Con la crisis económica se vio como aumentaron los casos. Antoni Gual, psiquiatra del hospital Clínic de Barcelona y director del centro médico psicológico Bonanova, añade que un mundo en que todo parece ir muy rápido resulta angustiante.

Ante la ansiedad, los psicólogos intentan conducir al paciente a otras maneras de pensar, sentir y actuar ante lo que le angustia. En EE.UU., hasta se han puesto de moda en terapia sesiones de una hora flotando en una minipiscina de agua muy salada e insonorizada. Una pausa mental puede ayudar, pero un buen tratamiento debe dar a la persona recursos para afrontar la situación que le hace sufrir, para saber llevarla mejor.

“La ansiedad y la depresión son reacciones de personas sobrepasadas por su vida”, resume Narcís Cardoner, psiquiatra del hospital Parc Taulí de Sabadell y coordinador del Observatori de Salut Mental de Catalunya. Lo mismo que genera ansiedad también puede sumir en una depresión. Esta dolencia (no eres quien eras, estás hundido, triste, has dejado tus aficiones, no te interesa nada…), en las mujeres mayores de 60 años sobre todo, está relacionada en muchos casos con un sentimiento de vida vacía o de soledad. Los psicólogos coinciden en que en la sociedad actual hay menor cohesión y, encima, la debilidad está mal vista, lo que explicaría que muchas de estas personas no reciban ayuda. El Gobierno británico hasta ha creado una secretaría de Estado para promover políticas que reduzcan la soledad de muchas personas.

En el tratamiento contra la depresión se insta, por ejemplo, al paciente a tener más actividad social. También incluye intentar cambiar las circunstancias psicológicas y sociales que favorecieron la enfermedad, lo cual no siempre es posible (no mejoran las expectativas de vida, o el marido sigue teniendo alzheimer o se convive con un hijo toxicómano…) y puede dificultar la cura. En un 20% o 30% de casos, por diferentes causas, la depresión se puede cronificar, hay recaídas ­sucesivas.

Ansiedad.        Hombre de 40 años que sufre por sus malas condiciones laborales y tiene un gran miedo a quedarse sin empleo y sin recursos

Problemas familiares              Una mujer tiene desde hace años mala relación con su madre, pero ahora debe cuidarla. La convivencia es difícil

“La conducta humana es muy compleja, y lo mismo su respuesta emocional. En general, una situación adversa causa sufrimiento, pero hay quien enferma y quien tiene una gran resistencia. Siempre digo que deberíamos estudiar a quienes más resisten para conocer mejor el malestar mental. En la manera como te enfrentas al mundo influye cómo eres, cómo vives, cómo es tu entorno… Pero sí, la sociedad es hoy más estresante y exige mayor adaptación”, reconoce Cardoner.

Una obsesión suya es que las personas con problemas lleguen al médico. Cuenta que en su hospital, de entorno de clase trabajadora, hicieron un estudio sobre suicidos y les horrorizó que la mayoría eran personas que no habían llegado a las consultas. “Quien está en situación de crisis personal debe recibir ayuda”, dice. Y lamenta que no se hagan campañas de concienciación como las de seguridad en el tráfico (accidentes y suicidios son las primeras causas de muerte en la franja de 15 a 30 años). “La gente debe saber que si se siente mal tiene solución, debe compartir emociones negativas. Hablar es el primer paso para curarse”, afirma.

La falta de comunicación es precisamente una de las principales razones que llevan a las parejas a las consultas, según los psicólogos. La terapia de pareja ya no es inusual, pero Arostegi advierte: “La gente cree que la terapia es exitosa sólo si logra que sigan juntos, y a veces la relación es tan mala que la unión ya es insalvable. Es mejor separarse. Así que la terapia también es exitosa si consigue una buena separación que, por ejemplo, no dificulte la custodia compartida de los hijos”.

¿Por qué alguien que aparentemente tiene una pareja estupenda acaba yendo al psicólogo? Pues muchos, porque el otro le da un ultimátum: ‘O arreglamos esto o te dejo’. Porque no hablan entre ellos; porque hay personas con reacciones desproporcionadas, ataques de ira, que gestionan de manera disfuncional las situaciones. O a veces reaccionan como lo hacían sus padres décadas atrás, pero ahora la sociedad y nosotros somos distintos, indica March. Arostegi corrobora que “muchos hombres están descolocados con el nuevo rol de la mujer”. O hay personas con carencias emocionales, incapaces de dar a su pareja lo que pide. Y, en el otro extremo, personas muy demandantes de atención que exprimen a su media naranja.

Entre las parejas veteranas (aunque los jubilados no suelen hacer terapia de pareja), la relación se desgasta o al pasar más tiempo juntos (al jubilarse, independizarse los hijos), aflora la falta de entendimiento. En cambio, entre los jóvenes, el malestar suele llegar tras una ruptura traumática, precisa Dehesa. En muchos casos, también se busca ayuda para afrontar divorcios con hijos. Y Arostegi agrega que en los últimos años de crisis, existen parejas que no se plantean la separación por las condiciones económicas y la relación se deteriora mucho.

Hay personas separadas, igual que otras que se han quedado sin empleo o sin casa, que vuelven al hogar de los padres y pueden acabar en las consultas: la presión psicológica y social, el sentimiento de fracaso, la falta de expectativas pueden causarles ansiedad y depresión. En los mismos tipos de familias reunificadas obligadamente, también pueden sentir mayor presión y angustia los abuelos.
Gual apunta asimismo un creciente malestar por una convivencia forzada de padres e hijos ya mayores que no se independizan por la precariedad laboral o la carestía de la vivienda, algo que antes no se daba.

El trabajo, sean las malas condiciones o, más en los últimos años, la falta de empleo, es otra gran causa de sufrimiento y factor de riesgo para mucha patología mental. Se cita en muchos casos de depresión y ansiedad como fuente de malestar. Además, hay personas con estrés laboral, incluso cronificado, en muchos casos, porque ellas mismas se exigen a un nivel que les resulta imposible sobrellevar, subraya Cardoner.

Crisis vital          Mujer de 35 años insatisfecha con su relación amorosa, su trabajo, su vida. Sin expectativas. Considera que su vida ”es un fracaso”

Influyen, claro está, aspectos psicológicos. Hay personas que no se adaptan bien a la sociedad competitiva. “Yo creo que las consultas reflejan esta sociedad que valora altamente el rendimiento y tiene una manera de funcionar que genera estrés. Ya se nota en los estudios, pues muchos padres presionan a sus hijos y estos temen decepcionarles y les pasa factura en su comportamiento”, opina March. “Vino un hombre joven –ejemplifica– que sufría náuseas y vómitos desde hacía un año porque se sentía machacado en el trabajo. Incluso contando su problema sentía malestar físico”. Lo bueno es que bastaron cuatro sesiones de terapia para sentirse mejor.

Las psicólogas coinciden en que cada vez atienden a más jóvenes (muchos, hombres) desesperados por mejorar sus habilidades sociales, trabajar la asertividad, gestionar bien la inteligencia emocional… lo que ellos creen que les puede ayudar a tener una mejor vida laboral. En realidad, no es que tengan fallos, como ellos creen, pero no se adaptan a las exigencias laborales o sociales. “Lo importante es que la persona aprenda a relativizar lo que le causa malestar. Hay que aprender que nadie es perfecto ni puede gustar a todo el mundo. Hay que darse permiso para ser uno mismo y estar a gusto con ello”, recomienda March. Esta es una de esas máximas que se podrían enmarcar en las consultas.

Porque si el trabajo no nos ahoga, lo hacemos nosotros mismos. “Esta es una sociedad en la que debes hacerte visible, tienes que venderte bien tú y lo que hay en tu vida para mostrarte como una persona de éxito. Y eso obliga a veces a comportarse como en realidad no se es”, dice March. “Hay un malestar muy relacionado con que se proyecta una imagen superexigente que no se cumple”, añade Arostegi. O se condenan la timidez y la vulnerabilidad. Así que hay personas que, por su manera de ser, viven como descolocadas en su entorno, lo que puede causarles gran malestar. Un ejemplo claro es la gente joven que se fija obsesivamente en lo físico y quien no cumple con el modelo, se siente rechazado, señalan los profesionales.

No sólo en la adolescencia abunda quien se siente a disgusto consigo mismo. Hay quien, cuando cumple los 35 años, los 40, los 50, se sume en una crisis vital. Pensaban que a esa edad tendrían pareja, hijos, un trabajo y una casa envidiables, éxito… y nada de eso. A veces, buscando remedio, toman decisiones radicales, como separarse o dejar el trabajo, que aún empeoran su estado.

Entre estos pacientes hay tanto mujeres como hombres. ¿Qué se hace con ellos? Pues enseñarles esa regla básica de perder el miedo a ser uno mismo y aprender a sentirse bien consigo mismos. “Deben saber valorar sus expectativas, cuáles son realistas y cuáles no. A una persona demasiado crítica debes enseñarle a serlo menos; a la muy complaciente no le puedes reforzar esa actitud…”, ilustra March.

La presión empieza en la niñez. “Muchas personas piensan que los niños pueden con todo, y no es así. No tienen el colchón que da la edad adulta para asumir y relativizar lo que pasa a su alrededor, sea un abuso sexual, una situación de bullying, que la familia atraviesa problemas de pareja o económicos…”, advierte Celso Arango, psiquiatra jefe de la unidad de adolescentes del hospital Gregorio Marañón de Madrid.

Rechazo social Adolescente que se autolesiona, está triste, se aísla, se siente rechazado por “su grupo”. Los padres temen un intento de suicidio

Problemas de conductaAdolescente conflictivo cuyos padres temen
que acabe como
un caso de los del programa televisivo Hermano mayor

Con la crisis económica aumentaron los casos de niños con angustia y ansiedad. También pueden sufrir depresión. En EE.UU. han crecido mucho los casos de autolesiones e intentos de suicidio. Como el aislamiento social o los trastornos alimentarios, exteriorizan un grave malestar.

Hace 25 años no era usual llevar a los niños al psicólogo, ahora las consultas están llenas. Dehesa cuenta que atienden a muchos menores con trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y a otros que tienen “conductas disruptivas y trastornos de conducta pero no TDAH”. Llegan madres y padres cansados, impotentes o asustados, que no saben qué hacer con hijos que son desafiantes (a veces muy pequeños), hasta agresivos. Son adolescentes desmotivados, sin hábito de estudio, a los que los padres no han puesto nunca límites y cuando han querido hacerlo es tarde. O que siempre han tenido lo que han querido y, al hacerse mayores, los problemas se acentúan, sus estudios van mal, la convivencia familiar es difícil.

Años atrás, las disputas eran por las notas o la hora de volver a casa; ahora son por el acceso al móvil, internet y las redes sociales y porque les dedican horas de sueño y de estudio. En el consultorio de Dehesa usan contratos entre padres e hijos (qué quiere conseguir cada uno y en que cede) para aprender a negociar y aliviar el conflicto familiar. March u Arostegui coinciden en que hay una sobreprotección de los hijos y, a la vez, se les traslada mayor presión. La falta de tiempo, por la manera como vivimos, dificulta además la comunicación, la supervisión y hasta que se detecten signos de malestar, admite Arango. Pero advierte que “no podemos oponernos a la tecnología, hay que aprender a adaptarla a la vida cotidiana de forma sana, y los padres deben supervisar a los hijos”.

El psiquiatra cuenta el caso de un chico de 16 años que estuvo un año sin salir de la habitación. Los padres tardaron en reaccionar fuera por ignorancia, vergüenza, miedo… Sufría fobia social, miedo a ser escrutado, que no es inusual entre los adolescentes. “Los cambios en la adolescencia son progresivos y van sobre cuestionar la autoridad, exigir una esfera privada, independencia. Si un chico o chica muestra un cambio brusco, deja de hacer lo que hacía, ‘ya no es el que era’, hay que consultar al médico. La irritabilidad o el aislamiento pueden ser signos de depresión u otros males”, previene el psiquiatra.

“Si hay adicciones a cannabis o sustancias sintéticas (en Francia se detectó un gran abuso de la codeína entre adolescentes) o un abuso del alcohol, todo se complica más”, apunta Dehesa.

En menores, pero sobre todo en adultos, las adicciones son casos habituales de psicología y psiquiatría, aun así, estas consultas no se han disparado en los últimos años (suben por una sustancia, bajan por otra). No se da en España una plaga de adicción a opiáceos (como el fentanilo) como en EE.UU. “Pero sí que hay algunos problemas, no podemos bajar la guardia”, alerta Gual, que es jefe de la unidad que atiende conductas adictivas en el Clínic. Y se lamenta de que en las adicciones sí se mantiene el estigma social que se ha diluido en otro malestar psíquico.

Este estigma nace de que el mal mental es incomprendido. E inaceptado. Cardoner ha oído a más de un paciente decir: “¿Quién me habría dicho que acabaría aquí?, ¡preferiría tener cáncer!”. Afortunadamente, en las últimas décadas se ha normalizado su atención. Cuando hace 20 años Gual y otros profesionales abrieron su clínica Bonanova, pensaron que quizá los pacientes no se atreverían a entrar al estar a pie de calle. ¿Quién querría que le vieran yendo al loquero? Hoy ni siquiera se suele usar este término despectivo. La normalización de la atención ha hecho que aumenten las visitas y ha abierto el abanico de consultas. Ya no sólo se tratan enfermedades como la esquizofrenia o la psicosis, sino muchos trastornos que, cada vez más, se relacionan con la manera como vivimos.

 


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Niños difíciles, niños normales.

Niños difíciles?…¡Es lo propio de su edad!

Algunos padres acostumbran a interpretar las conductas excesivas o irritantes de sus hijos pequeños como si se trataran de manifestaciones de malos modales o de mala intención. He escuchado muchas veces a los padres quejándose de que sus hijos eran “niños difíciles” después de relatar alguna situación completamente normal para su edad que los padres consideraban como problemática o disruptiva.

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Estrés laboral, trabajo sin límites.

Estrés laboral y postmodernidad.

En la época en la que nos toca vivir, en la llamada era de la postmodernidad, han habido una serie de cambios sociales que han favorecido el crecimiento de una serie de patologías mentales y de problemas psicológicos que van en aumento.

Estos problemas de salud mental están creciendo en el mundo académico y laboral, hablamos especialmente del aumento de trastornos relacionados con la ansiedad y la depresión y que están conectados con la creciente presión sobre los trabajadores para aumentar su rendimiento.

Los problemas relacionados con la productividad continuada, las cargas pesadas y extenuantes de trabajo, la intimidación y la presión en el lugar de trabajo, las pésimas o inexistentes retribuciones, la falta de equilibrio entre la vida laboral y la personal, el afán de competir (en vez de cooperar) con el objetivo de llegar a ser un empresario de éxito, son características de la mano de obra moderna en los lugares de trabajo capitalistas. El estrés laboral es el coste de este éxito y la inseguridad es la nueva normalidad, al igual que la aceptación pasiva de esta inseguridad como un paso necesario para alcanzar el éxito.

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Dolor crónico o de causa desconocida: abordaje des de la terapia psicológica

El artículo de este mes lo dedicamos a la terapias orientadas a tratar el dolor des del ámbito de la psicología. Transcribimos el artículo que publicamos para “especialistas.com” en el que hablamos sobre las técnicas psicológicas que se utilizan para aliviar o hacer desaparecer el dolor crónico o de causa desconocida.

Que tengais una feliz semana,

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Síndrome postvacacional. Consejos para hacerle frente al estrés y despedirnos de las vacaciones con una sonrisa.

 

¿Qué es el síndrome postvacacional? 

El mes de septiembre para muchos resulta ser un mes complicado. Muchos de nosotros, cuando terminamos las vacaciones y tenemos que volver a nuestros puestos de trabajo podemos experimentar síntomas como cansancio, apatía, problemas del sueño, irritabilidad, nerviosismo o falta de concentración.

La vuelta al trabajo después de unas largas vacaciones implica la modificación de las horas de sueño y un cambio en los horarios. Estos síntomas no son más que la consecuencia que el estrés produce en el organismo para asimilar estos cambios.

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