Ansiedad en el doctorado

Ansiedad en el doctorado: cuando investigar empieza a afectar a la salud mental

Hacer un doctorado puede ser una experiencia intelectualmente estimulante y profundamente enriquecedora. Investigar durante años sobre un tema, desarrollar una mirada propia y contribuir al conocimiento puede resultar apasionante. Pero el doctorado también puede convertirse en una etapa de enorme exigencia psicológica.

Hace poco tuve la oportunidad de hablar en la radio sobre la salud mental de los doctorandos y sobre una realidad que también encuentro en consulta: personas que, durante la realización de su tesis doctoral, empiezan a experimentar ansiedad en el doctorado, estrés, agotamiento, insomnio, bloqueo o síntomas depresivos.

A veces cuesta identificar que algo no va bien. El cansancio, la autoexigencia o la sensación permanente de no llegar a todo pueden normalizarse y entenderse como una parte inevitable del proceso.

Pero una cosa es que hacer una tesis implique esfuerzo y otra muy distinta que el sufrimiento psicológico tenga que formar parte del doctorado.

Sobre esta realidad que viven en el día a día los doctorandos, he tenido la oportunidad de hablar en la radio sobre este tema (cadena SER, El Balcó), como psicóloga clínica que ha tratado doctorandos en esta situación y como exdoctoranda.

¿Por qué hacer un doctorado puede generar tanta ansiedad?

Una tesis doctoral no es únicamente un proyecto académico. Ocupa varios años de la vida y, durante ese tiempo, puede llegar a adquirir un enorme peso en la identidad de la persona.

A la propia dificultad de investigar pueden sumarse muchos otros factores: la incertidumbre sobre el futuro profesional, la precariedad laboral, la presión por publicar, la comparación con otros investigadores, las dificultades con la dirección de la tesis o la sensación de que el trabajo nunca está suficientemente terminado.

Además, la investigación tiene una característica especialmente complicada para las personas perfeccionistas: siempre se puede hacer algo más.

Siempre queda otro artículo por leer, un análisis por revisar, una referencia que consultar, un capítulo que podría mejorarse o una interpretación que podría afinarse.

Por eso, uno de los pensamientos que aparece con frecuencia es:

«Debería estar haciendo más».

Cuando no existen límites claros entre el tiempo dedicado al doctorado y la vida personal, la investigación puede acabar ocupando mentalmente casi todo el espacio. Incluso cuando no se está trabajando, puede resultar difícil dejar de pensar en lo que todavía queda por hacer.

Perfeccionismo, síndrome del impostor y miedo a no estar a la altura

Muchas de las personas que llegan a realizar un doctorado tienen una trayectoria marcada por la responsabilidad, la capacidad de esfuerzo y un nivel elevado de exigencia consigo mismas.

Precisamente algunas de esas características que les han permitido llegar hasta allí pueden convertirse, en determinadas circunstancias, en una fuente de sufrimiento.

Puede aparecer la sensación de no saber lo suficiente, de no estar a la altura o de haber llegado hasta allí casi por error.

«Los demás saben mucho más que yo».

«En algún momento se darán cuenta de que no soy tan buena».

«Si mi investigación no sale bien, significa que he fracasado».

Es lo que habitualmente conocemos como síndrome del impostor.

Cuando esta inseguridad se combina con el perfeccionismo puede aparecer un círculo difícil de romper: cuanto más miedo tenemos a equivocarnos, más revisamos; cuanto más revisamos, más difícil resulta considerar algo terminado; y cuanto más se prolonga el proceso, mayores son el agotamiento y la sensación de no estar haciendo suficiente. Todo esto puede contribuir a generar ansiedad en el doctorado.

Incluso la procrastinación, que muchas veces interpretamos como falta de disciplina, puede esconder algo diferente: el miedo a enfrentarse a una tarea en la que sentimos que debemos hacerlo todo perfectamente.

¿Cuándo el estrés del doctorado deja de ser normal?

Sentir nervios ante una presentación, una entrega importante, una reunión con el director de tesis o la proximidad de la defensa es comprensible.

El problema aparece cuando el estado de tensión deja de ser puntual y se mantiene durante semanas o meses.

Algunas señales que pueden indicar que el doctorado está afectando a la salud mental son:

  • dificultades persistentes para dormir;
  • incapacidad para desconectar mentalmente de la tesis;
  • irritabilidad o llanto frecuente;
  • bloqueo ante el ordenador;
  • procrastinación intensa;
  • sensación permanente de no hacer suficiente;
  • ansiedad antes de las reuniones relacionadas con la tesis;
  • pérdida de motivación;
  • aislamiento social;
  • abandono progresivo de actividades que antes resultaban gratificantes;
  • cansancio que no desaparece con el descanso;
  • sentimientos de desesperanza o síntomas depresivos.

Pedir ayuda psicológica en este momento no significa no ser capaz de hacer un doctorado.

En ocasiones significa precisamente que la persona lleva demasiado tiempo intentando sostener sola una situación de gran exigencia.

¿Y qué ocurre después de defender la tesis?

Existe otro fenómeno del que se habla bastante menos.

Algunas personas no buscan ayuda psicológica durante el doctorado, sino meses después de haber terminado la tesis.

Puede parecer paradójico. Después de años esperando terminar, cabría imaginar que la defensa debería ir seguida únicamente de alivio, satisfacción y descanso.

Pero no siempre sucede así.

Durante mucho tiempo la tesis ha proporcionado un objetivo muy definido. Ha organizado los horarios, las preocupaciones, las decisiones, las expectativas de futuro y, en cierta medida, también la identidad.

Y de repente termina.

Cuando desaparece aquello que durante años había estructurado buena parte de la vida, algunas personas experimentan una inesperada sensación de vacío o desorientación.

¿Y ahora qué?

Si además coincide con incertidumbre laboral o con dificultades para encontrar un lugar profesional después del doctorado, pueden aparecer sentimientos de pérdida de sentido, ansiedad o síntomas depresivos.

En algunos casos, el malestar que se había mantenido contenido durante años emerge precisamente entonces. Mientras había una meta inmediata, había que seguir funcionando. Cuando esa exigencia desaparece, aparece finalmente el cansancio acumulado.

No todo el malestar psicológico es individual

Hay algo que considero especialmente importante cuando hablamos de ansiedad y salud mental durante el doctorado.

Desde la psicología podemos ayudar a una persona a manejar la ansiedad, trabajar el perfeccionismo, regular la autoexigencia, establecer límites, recuperar espacios personales o modificar determinados patrones de pensamiento.

Pero sería un error interpretar todo el sufrimiento como un problema exclusivamente individual.

La precariedad, la incertidumbre laboral, la competitividad, determinadas dinámicas dentro del mundo académico o una relación difícil con la dirección de la tesis también pueden generar un enorme desgaste psicológico.

No podemos pedir a una persona que resuelva únicamente mediante estrategias individuales un malestar que, al menos en parte, tiene causas estructurales.

La terapia no debería servir simplemente para aprender a soportar mejor aquello que nos está haciendo daño.

También puede ayudarnos a comprender qué nos está ocurriendo, distinguir qué depende de nosotros y qué pertenece al contexto, recuperar capacidad de decisión y proteger nuestra salud mental.

Psicóloga para doctorandos: ¿cómo puede ayudar la terapia?

No es necesario esperar a encontrarse completamente desbordado para consultar.

La terapia psicológica puede resultar especialmente útil cuando la ansiedad, el estrés o el desánimo empiezan a interferir en el descanso, las relaciones personales, la capacidad de concentración, el rendimiento o la vida cotidiana.

En terapia podemos trabajar dificultades relacionadas con el perfeccionismo, la autoexigencia, el miedo al fracaso, el síndrome del impostor, la procrastinación, la ansiedad, el agotamiento, los síntomas depresivos o las dificultades relacionales que pueden aparecer dentro del entorno académico.

Como doctora en Psicología y psicóloga clínica, conozco esta realidad desde una doble perspectiva: desde mi trabajo profesional y desde mi propia experiencia de haber realizado una tesis doctoral.

Y quizá precisamente por haber pasado por ese proceso hay algo que considero especialmente importante recordar:

Detrás de una tesis no hay solamente un investigador. Hay una persona.

Una persona con una vida fuera de la universidad, con relaciones, necesidades, miedos, expectativas y límites.

Invertir en investigación no consiste únicamente en financiar proyectos, producir conocimiento o publicar resultados.

Cuidar la investigación también significa cuidar a las personas que investigan.

Si estás haciendo un doctorado —o lo has terminado recientemente— y notas que la ansiedad, el estrés, el agotamiento o tu estado de ánimo están afectando a tu vida, pedir ayuda psicológica puede ser una forma de empezar a comprender qué está ocurriendo y encontrar una manera más saludable de atravesar esta etapa.

 

JM Psicología- Dra. Judit March

Centro de Psicología clínica y de la Salud

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