Author Archives: Judit March

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estrés en vacaciones

Las vacaciones me estresan.

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Vacaciones y estrés. ¿Qué nos estresa del periodo vacacional y qué podemos hacer para evitarlo?

Aunque parezca sorprendente las vacaciones pueden ser una fuente de estrés. Existen diferentes factores, ya sean personales, sociales y familiares que explicarían el por qué algunas personas se estresan con la llegada de las vacaciones.

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psicoterapia antidepresivos

Sobremedicación y salud mental ¿Patología o normalidad?

Sobremedicación: El fármaco de la “normalidad”.
 
El desenfreno por la sobremedicación para regular la conducta de niños y adolescentes está poniendo en evidencia problemas existentes en nuestra sociedad, el deseo de controlar a toda costa el comportamiento de los demás de manera rápida y sin tener en cuenta sus efectos secundarios así como la incapacidad que tenemos para comprender al otro.

Los psicofármacos son necesarios y de gran utilidad en el caso de los trastornos mentales severos y persistentes, pero a la hora de tratar problemas psicológicos, lejos de ayudar en estos problemas los empeora: la sobremedicación causa más daños que beneficios.

En la actualidad, antes de que cambiar el entorno en el que vivimos, preferimos alterar nuestros cerebros para que se adapten al entorno. Existe cierta tendencia a considerar que la timidez, la rabia y otras emociones o rasgos “indeseables” no son una parte natural de la condición humana sino que son enfermedades, problemas que se deben solucionar a través de pastillas.

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¿Por qué vamos al psicólogo?

Nuestra colaboración en la revista semanal de La Vanguardia…
Hablamos sobre cuáles son los motivos por los cuáles la gente acude a la consulta de psicología y cómo los factores sociales y el estilo de vida están generando problemas psicológicos que sin llegar a ser trastornos, constituyen factores de malestar mental.
Que tengáis una feliz semana!

 http://www.magazinedigital.com/historias/reportajes/que-nos-preocupa-segun-los-psicologos

Qué nos preocupa (según los psicólogos)

Los psicólogos son observadores privilegiados de las preocupaciones más intensas de la sociedad. En sus consultas se habla de soledad, rechazo, competencia, presión laboral, presión social, crisis de pareja, falta de comunicación… Son factores de malestar mental nuevos o que se han intensificado en las últimas décadas por el estilo de vida y el sistema económico.

Una persona pasa junto a un gran agujero. Una fuerza la impulsa hacia dentro y se sujeta para no caer. Puede que caiga, que esquive el riesgo o que se dañe en el esfuerzo por resistir. Con esta imagen intenta explicar a sus pacientes la psicóloga de Barcelona Judit March cómo las personas afrontamos los embates de la vida. Quienes llegan a consultas como la suya son los que caen en el agujero, los que intentan evitarlo pero no resisten más e incluso los que lo sortean pero temen caer. El agujero serían la ansiedad y la depresión, que hoy son los principales males que llevan a una consulta de salud mental. U otras formas de malestar.

De la depresión como una plaga para la salud mundial hace ya unos años que se habla, pero vista la cantidad de consultas, ahora somos también una sociedad ansiosa. Aunque cuidado: psicólogos y psiquiatras advierten que no se debe etiquetar como ansioso ni depresivo a nadie. De entrada, porque son males transitorios; se curan.

Quien sufre un trastorno de ansiedad cuenta al psicólogo o al psiquiatra que se siente infeliz, o que no ve salidas en su vida o ve su bienestar amenazado. Está irritable, con problemas para dormir, tiene palpitaciones, ahogos… El malestar emocional puede acabar en dolencia; llega un punto en que impide una vida normal, plena. Muchas veces, los pacientes ya han ido a uno y otro médico y llegan al profesional de salud mental con recetas de Diazepam, Orfidal u otros ansiolíticos y antidepresivos que tampoco han acabado de resolver su problema. La salud mental tiene como tratamiento estándar la combinación de fármacos y psicoterapia, pero es constante el debate sobre si se medica en exceso o se hace poca terapia.

Entre los pacientes con ansiedad, hay más mujeres que hombres. Las de entre 30 y 50 años (aunque ellos también), en muchos casos, explican que no pueden responder a las exigencias laborales y familiares. O se sienten fracasadas. El agobio por una mala situación laboral puede derivar igualmente en ansiedad, incluso más que en estrés, cuenta Isabel Arostegi, psicóloga del Centro Arriaga de Bilbao.

Vacío y soledad
Mujer de 65 años con depresión. Siente que su vida está vacía, se siente muy sola. “Mis hijos tienen su vida, no quiero molestarles”, dice

Falta de comunicación  Pareja en que él dice
no saber qué quiere ella; ella se queja de que
“ya no hablamos,
somos como dos desconocidos”

Algunos profesionales enmarcan dentro de la ansiedad trastornos mentales diversos como el de pánico, el obsesivo compulsivo (TOC), la fobia social o el estrés postraumático, porque en todos se sufre ansiedad, señala Virginia Dehesa, psicóloga del Centro de Terapia de Conducta de València. Son casos de TOC en que las personas tienen pensamientos recurrentes del tipo “y si a mi hija le pasa algo…”, “si me echan del trabajo…” O son personas con pánico al rechazo de los demás –el síndrome hikikomori japonés, de aislamiento social, también se da entre jóvenes y adultos de aquí– o hasta de gran miedo a conducir. O son menores con pánico a los exámenes, al fracaso.

En EE.UU. se considera el uso compulsivo de los smartphones un factor más que genera ansiedad, sobre todo entre los más jóvenes. March cree que ayuda también a explicar la ansiedad reinante que existen poca tolerancia a la frustración y muchas incertidumbres vitales. Con la crisis económica se vio como aumentaron los casos. Antoni Gual, psiquiatra del hospital Clínic de Barcelona y director del centro médico psicológico Bonanova, añade que un mundo en que todo parece ir muy rápido resulta angustiante.

Ante la ansiedad, los psicólogos intentan conducir al paciente a otras maneras de pensar, sentir y actuar ante lo que le angustia. En EE.UU., hasta se han puesto de moda en terapia sesiones de una hora flotando en una minipiscina de agua muy salada e insonorizada. Una pausa mental puede ayudar, pero un buen tratamiento debe dar a la persona recursos para afrontar la situación que le hace sufrir, para saber llevarla mejor.

“La ansiedad y la depresión son reacciones de personas sobrepasadas por su vida”, resume Narcís Cardoner, psiquiatra del hospital Parc Taulí de Sabadell y coordinador del Observatori de Salut Mental de Catalunya. Lo mismo que genera ansiedad también puede sumir en una depresión. Esta dolencia (no eres quien eras, estás hundido, triste, has dejado tus aficiones, no te interesa nada…), en las mujeres mayores de 60 años sobre todo, está relacionada en muchos casos con un sentimiento de vida vacía o de soledad. Los psicólogos coinciden en que en la sociedad actual hay menor cohesión y, encima, la debilidad está mal vista, lo que explicaría que muchas de estas personas no reciban ayuda. El Gobierno británico hasta ha creado una secretaría de Estado para promover políticas que reduzcan la soledad de muchas personas.

En el tratamiento contra la depresión se insta, por ejemplo, al paciente a tener más actividad social. También incluye intentar cambiar las circunstancias psicológicas y sociales que favorecieron la enfermedad, lo cual no siempre es posible (no mejoran las expectativas de vida, o el marido sigue teniendo alzheimer o se convive con un hijo toxicómano…) y puede dificultar la cura. En un 20% o 30% de casos, por diferentes causas, la depresión se puede cronificar, hay recaídas ­sucesivas.

Ansiedad.        Hombre de 40 años que sufre por sus malas condiciones laborales y tiene un gran miedo a quedarse sin empleo y sin recursos

Problemas familiares              Una mujer tiene desde hace años mala relación con su madre, pero ahora debe cuidarla. La convivencia es difícil

“La conducta humana es muy compleja, y lo mismo su respuesta emocional. En general, una situación adversa causa sufrimiento, pero hay quien enferma y quien tiene una gran resistencia. Siempre digo que deberíamos estudiar a quienes más resisten para conocer mejor el malestar mental. En la manera como te enfrentas al mundo influye cómo eres, cómo vives, cómo es tu entorno… Pero sí, la sociedad es hoy más estresante y exige mayor adaptación”, reconoce Cardoner.

Una obsesión suya es que las personas con problemas lleguen al médico. Cuenta que en su hospital, de entorno de clase trabajadora, hicieron un estudio sobre suicidos y les horrorizó que la mayoría eran personas que no habían llegado a las consultas. “Quien está en situación de crisis personal debe recibir ayuda”, dice. Y lamenta que no se hagan campañas de concienciación como las de seguridad en el tráfico (accidentes y suicidios son las primeras causas de muerte en la franja de 15 a 30 años). “La gente debe saber que si se siente mal tiene solución, debe compartir emociones negativas. Hablar es el primer paso para curarse”, afirma.

La falta de comunicación es precisamente una de las principales razones que llevan a las parejas a las consultas, según los psicólogos. La terapia de pareja ya no es inusual, pero Arostegi advierte: “La gente cree que la terapia es exitosa sólo si logra que sigan juntos, y a veces la relación es tan mala que la unión ya es insalvable. Es mejor separarse. Así que la terapia también es exitosa si consigue una buena separación que, por ejemplo, no dificulte la custodia compartida de los hijos”.

¿Por qué alguien que aparentemente tiene una pareja estupenda acaba yendo al psicólogo? Pues muchos, porque el otro le da un ultimátum: ‘O arreglamos esto o te dejo’. Porque no hablan entre ellos; porque hay personas con reacciones desproporcionadas, ataques de ira, que gestionan de manera disfuncional las situaciones. O a veces reaccionan como lo hacían sus padres décadas atrás, pero ahora la sociedad y nosotros somos distintos, indica March. Arostegi corrobora que “muchos hombres están descolocados con el nuevo rol de la mujer”. O hay personas con carencias emocionales, incapaces de dar a su pareja lo que pide. Y, en el otro extremo, personas muy demandantes de atención que exprimen a su media naranja.

Entre las parejas veteranas (aunque los jubilados no suelen hacer terapia de pareja), la relación se desgasta o al pasar más tiempo juntos (al jubilarse, independizarse los hijos), aflora la falta de entendimiento. En cambio, entre los jóvenes, el malestar suele llegar tras una ruptura traumática, precisa Dehesa. En muchos casos, también se busca ayuda para afrontar divorcios con hijos. Y Arostegi agrega que en los últimos años de crisis, existen parejas que no se plantean la separación por las condiciones económicas y la relación se deteriora mucho.

Hay personas separadas, igual que otras que se han quedado sin empleo o sin casa, que vuelven al hogar de los padres y pueden acabar en las consultas: la presión psicológica y social, el sentimiento de fracaso, la falta de expectativas pueden causarles ansiedad y depresión. En los mismos tipos de familias reunificadas obligadamente, también pueden sentir mayor presión y angustia los abuelos.
Gual apunta asimismo un creciente malestar por una convivencia forzada de padres e hijos ya mayores que no se independizan por la precariedad laboral o la carestía de la vivienda, algo que antes no se daba.

El trabajo, sean las malas condiciones o, más en los últimos años, la falta de empleo, es otra gran causa de sufrimiento y factor de riesgo para mucha patología mental. Se cita en muchos casos de depresión y ansiedad como fuente de malestar. Además, hay personas con estrés laboral, incluso cronificado, en muchos casos, porque ellas mismas se exigen a un nivel que les resulta imposible sobrellevar, subraya Cardoner.

Crisis vital          Mujer de 35 años insatisfecha con su relación amorosa, su trabajo, su vida. Sin expectativas. Considera que su vida ”es un fracaso”

Influyen, claro está, aspectos psicológicos. Hay personas que no se adaptan bien a la sociedad competitiva. “Yo creo que las consultas reflejan esta sociedad que valora altamente el rendimiento y tiene una manera de funcionar que genera estrés. Ya se nota en los estudios, pues muchos padres presionan a sus hijos y estos temen decepcionarles y les pasa factura en su comportamiento”, opina March. “Vino un hombre joven –ejemplifica– que sufría náuseas y vómitos desde hacía un año porque se sentía machacado en el trabajo. Incluso contando su problema sentía malestar físico”. Lo bueno es que bastaron cuatro sesiones de terapia para sentirse mejor.

Las psicólogas coinciden en que cada vez atienden a más jóvenes (muchos, hombres) desesperados por mejorar sus habilidades sociales, trabajar la asertividad, gestionar bien la inteligencia emocional… lo que ellos creen que les puede ayudar a tener una mejor vida laboral. En realidad, no es que tengan fallos, como ellos creen, pero no se adaptan a las exigencias laborales o sociales. “Lo importante es que la persona aprenda a relativizar lo que le causa malestar. Hay que aprender que nadie es perfecto ni puede gustar a todo el mundo. Hay que darse permiso para ser uno mismo y estar a gusto con ello”, recomienda March. Esta es una de esas máximas que se podrían enmarcar en las consultas.

Porque si el trabajo no nos ahoga, lo hacemos nosotros mismos. “Esta es una sociedad en la que debes hacerte visible, tienes que venderte bien tú y lo que hay en tu vida para mostrarte como una persona de éxito. Y eso obliga a veces a comportarse como en realidad no se es”, dice March. “Hay un malestar muy relacionado con que se proyecta una imagen superexigente que no se cumple”, añade Arostegi. O se condenan la timidez y la vulnerabilidad. Así que hay personas que, por su manera de ser, viven como descolocadas en su entorno, lo que puede causarles gran malestar. Un ejemplo claro es la gente joven que se fija obsesivamente en lo físico y quien no cumple con el modelo, se siente rechazado, señalan los profesionales.

No sólo en la adolescencia abunda quien se siente a disgusto consigo mismo. Hay quien, cuando cumple los 35 años, los 40, los 50, se sume en una crisis vital. Pensaban que a esa edad tendrían pareja, hijos, un trabajo y una casa envidiables, éxito… y nada de eso. A veces, buscando remedio, toman decisiones radicales, como separarse o dejar el trabajo, que aún empeoran su estado.

Entre estos pacientes hay tanto mujeres como hombres. ¿Qué se hace con ellos? Pues enseñarles esa regla básica de perder el miedo a ser uno mismo y aprender a sentirse bien consigo mismos. “Deben saber valorar sus expectativas, cuáles son realistas y cuáles no. A una persona demasiado crítica debes enseñarle a serlo menos; a la muy complaciente no le puedes reforzar esa actitud…”, ilustra March.

La presión empieza en la niñez. “Muchas personas piensan que los niños pueden con todo, y no es así. No tienen el colchón que da la edad adulta para asumir y relativizar lo que pasa a su alrededor, sea un abuso sexual, una situación de bullying, que la familia atraviesa problemas de pareja o económicos…”, advierte Celso Arango, psiquiatra jefe de la unidad de adolescentes del hospital Gregorio Marañón de Madrid.

Rechazo social Adolescente que se autolesiona, está triste, se aísla, se siente rechazado por “su grupo”. Los padres temen un intento de suicidio

Problemas de conductaAdolescente conflictivo cuyos padres temen
que acabe como
un caso de los del programa televisivo Hermano mayor

Con la crisis económica aumentaron los casos de niños con angustia y ansiedad. También pueden sufrir depresión. En EE.UU. han crecido mucho los casos de autolesiones e intentos de suicidio. Como el aislamiento social o los trastornos alimentarios, exteriorizan un grave malestar.

Hace 25 años no era usual llevar a los niños al psicólogo, ahora las consultas están llenas. Dehesa cuenta que atienden a muchos menores con trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y a otros que tienen “conductas disruptivas y trastornos de conducta pero no TDAH”. Llegan madres y padres cansados, impotentes o asustados, que no saben qué hacer con hijos que son desafiantes (a veces muy pequeños), hasta agresivos. Son adolescentes desmotivados, sin hábito de estudio, a los que los padres no han puesto nunca límites y cuando han querido hacerlo es tarde. O que siempre han tenido lo que han querido y, al hacerse mayores, los problemas se acentúan, sus estudios van mal, la convivencia familiar es difícil.

Años atrás, las disputas eran por las notas o la hora de volver a casa; ahora son por el acceso al móvil, internet y las redes sociales y porque les dedican horas de sueño y de estudio. En el consultorio de Dehesa usan contratos entre padres e hijos (qué quiere conseguir cada uno y en que cede) para aprender a negociar y aliviar el conflicto familiar. March u Arostegui coinciden en que hay una sobreprotección de los hijos y, a la vez, se les traslada mayor presión. La falta de tiempo, por la manera como vivimos, dificulta además la comunicación, la supervisión y hasta que se detecten signos de malestar, admite Arango. Pero advierte que “no podemos oponernos a la tecnología, hay que aprender a adaptarla a la vida cotidiana de forma sana, y los padres deben supervisar a los hijos”.

El psiquiatra cuenta el caso de un chico de 16 años que estuvo un año sin salir de la habitación. Los padres tardaron en reaccionar fuera por ignorancia, vergüenza, miedo… Sufría fobia social, miedo a ser escrutado, que no es inusual entre los adolescentes. “Los cambios en la adolescencia son progresivos y van sobre cuestionar la autoridad, exigir una esfera privada, independencia. Si un chico o chica muestra un cambio brusco, deja de hacer lo que hacía, ‘ya no es el que era’, hay que consultar al médico. La irritabilidad o el aislamiento pueden ser signos de depresión u otros males”, previene el psiquiatra.

“Si hay adicciones a cannabis o sustancias sintéticas (en Francia se detectó un gran abuso de la codeína entre adolescentes) o un abuso del alcohol, todo se complica más”, apunta Dehesa.

En menores, pero sobre todo en adultos, las adicciones son casos habituales de psicología y psiquiatría, aun así, estas consultas no se han disparado en los últimos años (suben por una sustancia, bajan por otra). No se da en España una plaga de adicción a opiáceos (como el fentanilo) como en EE.UU. “Pero sí que hay algunos problemas, no podemos bajar la guardia”, alerta Gual, que es jefe de la unidad que atiende conductas adictivas en el Clínic. Y se lamenta de que en las adicciones sí se mantiene el estigma social que se ha diluido en otro malestar psíquico.

Este estigma nace de que el mal mental es incomprendido. E inaceptado. Cardoner ha oído a más de un paciente decir: “¿Quién me habría dicho que acabaría aquí?, ¡preferiría tener cáncer!”. Afortunadamente, en las últimas décadas se ha normalizado su atención. Cuando hace 20 años Gual y otros profesionales abrieron su clínica Bonanova, pensaron que quizá los pacientes no se atreverían a entrar al estar a pie de calle. ¿Quién querría que le vieran yendo al loquero? Hoy ni siquiera se suele usar este término despectivo. La normalización de la atención ha hecho que aumenten las visitas y ha abierto el abanico de consultas. Ya no sólo se tratan enfermedades como la esquizofrenia o la psicosis, sino muchos trastornos que, cada vez más, se relacionan con la manera como vivimos.

 


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Niños difíciles, niños normales.

Niños difíciles?…¡Es lo propio de su edad!

Algunos padres acostumbran a interpretar las conductas excesivas o irritantes de sus hijos pequeños como si se trataran de manifestaciones de malos modales o de mala intención. He escuchado muchas veces a los padres quejándose de que sus hijos eran “niños difíciles” después de relatar alguna situación completamente normal para su edad que los padres consideraban como problemática o disruptiva.

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Estrés laboral, trabajo sin límites.

Estrés laboral y postmodernidad.

En la época en la que nos toca vivir, en la llamada era de la postmodernidad, han habido una serie de cambios sociales que han favorecido el crecimiento de una serie de patologías mentales y de problemas psicológicos que van en aumento.

Estos problemas de salud mental están creciendo en el mundo académico y laboral, hablamos especialmente del aumento de trastornos relacionados con la ansiedad y la depresión y que están conectados con la creciente presión sobre los trabajadores para aumentar su rendimiento.

Los problemas relacionados con la productividad continuada, las cargas pesadas y extenuantes de trabajo, la intimidación y la presión en el lugar de trabajo, las pésimas o inexistentes retribuciones, la falta de equilibrio entre la vida laboral y la personal, el afán de competir (en vez de cooperar) con el objetivo de llegar a ser un empresario de éxito, son características de la mano de obra moderna en los lugares de trabajo capitalistas. El estrés laboral es el coste de este éxito y la inseguridad es la nueva normalidad, al igual que la aceptación pasiva de esta inseguridad como un paso necesario para alcanzar el éxito.

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Dolor crónico o de causa desconocida: abordaje des de la terapia psicológica

El artículo de este mes lo dedicamos a la terapias orientadas a tratar el dolor des del ámbito de la psicología. Transcribimos el artículo que publicamos para “especialistas.com” en el que hablamos sobre las técnicas psicológicas que se utilizan para aliviar o hacer desaparecer el dolor crónico o de causa desconocida.

Que tengais una feliz semana,

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Síndrome postvacacional. Consejos para hacerle frente al estrés y despedirnos de las vacaciones con una sonrisa.

 

¿Qué es el síndrome postvacacional? 

El mes de septiembre para muchos resulta ser un mes complicado. Muchos de nosotros, cuando terminamos las vacaciones y tenemos que volver a nuestros puestos de trabajo podemos experimentar síntomas como cansancio, apatía, problemas del sueño, irritabilidad, nerviosismo o falta de concentración.

La vuelta al trabajo después de unas largas vacaciones implica la modificación de las horas de sueño y un cambio en los horarios. Estos síntomas no son más que la consecuencia que el estrés produce en el organismo para asimilar estos cambios.

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islamofobia, por, psicologa

El terrorismo me da miedo

El terrorismo me da miedo.

Hace un tiempo publiqué un artículo que ahondaba en los aspectos psicológicos del estrés postraumático y concretamente en las consecuencias psicológicas para las personas que han presenciado un ataque terrorista. En este nuevo post no me centraré tanto en los aspectos emocionales o psicológicos vinculados a esta realidad, hoy quiero hablaros sobre otro fenómeno que representa un problema en nuestra sociedad.  Quiero hablaros sobre cómo los ataques terroristas hacen que la vida cotidiana de algunas personas sea más difícil, ya sea tanto por el miedo a la incertidumbre y por la sensación de estar en una situación de inseguridad permanente como también por las reacciones provocadas por el miedo hacia otras personas.

Los terroristas utilizan la violencia indiscriminada para generar un ambiente de terror y para ayudar a alcanzar sus objetivos políticos. El atentado vivido recientemente en Barcelona es un ejemplo perfecto de ello: el concepto de que una sola persona pueda causar tanta destrucción en pocos segundos va más allá de la comprensión, nadie está preparado para ello. Sin embargo, junto con el terror generalizado causado por estos ataques públicos, también hay un miedo frecuentemente ignorado que se presenta en nuestra sociedad.

El miedo a “los otros”.

Cada vez que hay un ataque terrorista aparece el miedo. No hablo del miedo relacionado con el hecho de poder ser víctima de un ataque, me refiero al temor de que puede aparecer en algunas personas hacia las personas musulmanas o de color, también hablo del miedo que las personas musulmanas tienen a las reacciones de algunas personas después de cada ataque.

Yo no soy musulmana. No puedo hablar por los musulmanes ni por los que se enfrentan a estas reacciones después de los ataques terroristas, pero si que he podido escuchar comentarios horribles sobre los ataques terroristas que proceden del temor.

Uno de los objetivos de los los ataques terroristas es provocar el miedo en los ciudadanos, es el de generar este temor hacia el mundo islámico y de promover este discurso del odio. Todo el mundo es consciente del esfuerzo de la comunidad musulmana después de cada ataque terrorista para defender su postura, un refrán que circula por las redes sociales reza: “No todos los musulmanes son terroristas, sino que todos los terroristas son musulmanes”, lo que francamente no es cierto.

Parece que el temor al terrorismo deba de traducirse a un miedo hacia los musulmanes, esta noción equivocada ha contribuido a generar una atmósfera cada vez más hostil de la islamofobia.

Es importante tener una mirada objetiva hacia hechos y datos al respecto que muestran una realidad muy diferente. Si bien es cierto que algunos ataques terroristas en todo el mundo son llevados a cabo por musulmanes asociados con el extremismo violento, la religión por sí misma no es un buen predictor de la violencia terrorista. Hay muchos factores asociados con el terrorismo, la religión de la persona no explica por sí misma el terrorismo.

Estudios y encuestas de opinión han demostrado que los musulmanes de todo el mundo rechazan la violencia y el extremismo, de hecho, la gente de muchos países con grandes poblaciones musulmanas, según estos estudios, muestran tanta preocupación hacia la amenaza del extremismo violento como la que muestran las naciones occidentales. Del mismo modo, las encuestas han demostrado que muchas personas de países con grandes poblaciones musulmanas tienen opiniones muy desfavorables hacia grupos terroristas.

Cohesión social.

Barcelona es una ciudad que tiene un modelo propio de acogida, nos hemos caracterizado siempre por ser una ciudad que acoge y que es solidaria con las personas de otras nacionalidades. En esta sociedad es el más bonito que tenemos, LA COHESIÓN SOCIAL Y LA SOLIDARIDAD CON TODAS LAS RAZAS, y uno de los peligros es la secularización o la rotura de la cohesión social ante este discurso islamófobo.

Volver a la normalidad es la mejor manera de combatir el terrorismo, si tenemos miedo y nos encerramos en casa, si tenemos miedo de los que tienen el color de piel más oscuro que nosotros, entonces los terroristas habrán vencido.

Que no impere el miedo y estemos más unidos que nunca, que no impere el odio sino la solidaridad, el respeto, la fraternidad y eso que sabemos hacer tan bien los catalanes, acoger sin ofrecer nada a cambio y sin tener en cuenta la nacionalidad ni el color de la piel.

Ante estos ataques recomiendo que no dejeis de hacer nada de lo que haríais, que la vuelta a la normalidad sea lo más rápida posible. Que no nos venzan ni el miedo ni el odio.

Des de JM Psicología queremos unirnos al dolor de todas las víctimas y sus familiares, al tiempo que condenamos el terrorismo y cualquier acto de violencia.

Judit March Fuentes, Dra. en Psicología.

 

 

 

 


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Feliz verano

A los que viajan y a los que no lo hacen…

Por que no todo viaje es externo.
Por mucho que nos movamos en el exterior, lo cierto es que siempre estaremos encerrados en nosotros mismos.
Por más alto que subamos o por más lejos que viajemos, nunca conseguiremos salir de nuestras sensaciones.

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Las mujeres que pueden con todo: el síndrome de la mujer perfecta.

Las personas que me conozcan sabrán que no me gustan las etiquetas, pero esta vez tendré que referirme a un grupo cada vez más numeroso de personas que llegan a terapia, concretamente son mujeres a las que yo llamo las que sufren el “síndrome de la mujer perfecta o de la Supermujer”. No se trata de un trastorno ni una enfermedad, no es ni siquiera algo que se tenga que corregir o modificar, sencillamente es un nombre para poder entender una situación generada por la sociedad en la que vivimos, en la que se premia excesivamente el  éxito en todas las facetas de la vida, tanto en el terreno personal como en el profesional.

Son mujeres que deben ser muy buenas en su trabajo, deben ser las mejores madres, las mejores esposas, las mejores amigas, siempre disponibles y siempre anhelando ser la mejor versión de ellas mismas en todos los contextos de la vida, son mujeres orientadas al éxito que presentan dificultades en darse permiso al poderse equivocar o a pensar un poco más en ellas mismas.

Son mujeres que han luchado siempre para conseguir ser valoradas y respetadas por una sociedad cada vez más crítica y exigente con ellas. Se trata de mujeres con un profundo sentimiento de soledad, que sienten que no reciben el apoyo que necesitarían ante una situación complicada, a las que casi nadie les pregunta cómo están o si necesitan algo.

Suelen ser mujeres luchadoras, mujeres cansadas de proponer y de aportar ideas, cansadas de tirar del carro, mujeres con iniciativa tanto en el terreno personal como en el profesional. Son mujeres de todas las edades y de todas las condiciones,  a las que su entorno está acostumbrado a que lleven ellas la iniciativa y que hagan y deshagan a su criterio. Han ido generando en los demás la imagen de poder con todo, adoptando un rol de mujer perfecta, quizá porque no han tenido más remedio que procurar serlo.

Pero cuando estas mujeres ya no pueden tirar más del carro debido a diferentes circunstancias, a causa de una enfermedad o simplemente por agotamiento, entonces tienen que tomar la decisión de detenerse y elegir, porque es imposible tener todo y hacerlo todo muy bien. Y es entonces cuando aparece el miedo a perder la condición de ser “mujer perfecta” y tienen que dejar de mirarse en el espejo de su “imagen ideal”, una imagen y un rol que se ha ido forjando a lo largo del tiempo en su imaginario y en el de los demás. Es entonces cuando pueden aparecer los monstruos de la ansiedad y de la depresión.

“Date prisa, tú puedes con todo, hazlo perfecto, no te equivoques, podrías hacer más, no pares, no descanses…”

A menudo estos son mensajes que nos sabotean en nuestro día a día y que pisan al niño interior que todos tenemos dentro, el niño que grita desesperadamente para que se le haga caso, para que se le deje respirar, el niño que necesita ser cuidado, que necesita que se le dé permiso a equivocarse. Hay que decirle a nuestro niño interior que se le querrá aunque falle, pues el amor que sentimos hacia nosotros mismos debería tratarse de un amor incondicional.

mujer perfecta ansiedad

Estas mujeres que yo digo que padecen el “síndrome de la mujer perfecta” luchan constantemente por lograr todo lo posible de una manera perfecta y no han aprendido a ponerse a ellas mismas como a una prioridad. La mayoría de las veces no tienen el tiempo o la energía para dedicarse a ellas mismas. Incluso cuando disponen de tiempo, pueden considerarse egoístas delante del hecho de darse la oportunidad de cuidarse o simplemente proporcionarse a sí mismas un tiempo de descanso en silencio. Las Supermujeres acostumbran a establecer estándares que son anormalmente altos, que están fuera de su alcance o de lo razonable. Tienden a esforzarse hacia objetivos imposibles y tienen la tendencia a medir su autoestima en términos de productividad y de logros tangibles. Desafortunadamente, al hacerlo, estas Supermujeres están generando más estrés en sus vidas y multiplicando las posibilidades de desarrollar problemas psicológicos como la ansiedad o la depresión.

Nadie quiere ser mediocre o promedio. Así, la “mujer perfecta” se siente orientada en sobresalir, entonces el ciclo comienza: Una vez que sobresalen en un área, no están satisfechas hasta que sobresalen en otra área. Cuando no pueden sobresalir en todos esos ámbitos su autoestima disminuye y el Síndrome se presenta en síntomas físicos, psicológicos o interpersonales.

Hay que aprender a decir que no, se debe de aprender a pedir ayuda, a no quererlo controlar todo. Debemos de aprender a prestarle atención a aquella niña que tuvo que salir adelante, que tuvo que cuidar de sus padres cuando no tocaba, que fue más madura y responsable que el resto. Hay que aprender a mirar a la niña, a cuidarla y a mimarla.

Estas mujeres a las que yo digo que sufren el “síndrome de la mujer perfecta” muy a menudo son las críticas, las innovadoras., siempre luchando … todo luchador necesita su hora de descanso, porque incluso la persona más fuerte necesita descansar. Y yo les digo que las entiendo, que sé lo que cuesta, que entiendo su soledad, porque yo también soy una luchadora.

Para poder entregar  nuestra energía a la gente cercana, a los proyectos que nos apasionan o a los retos que nos estimulan, en definitiva, para podernos entregar a todo lo que da sentido a nuestra vida es necesario descansar, es importante saber en todo momento que la energía es limitada, y sobre todo, es importante tomar conciencia de que somos seres válidos y dignos de ser queridos sin necesidad de ser los mejores en todo, aun en esos momentos en los que nos reconozcamos como navegantes surcando en las aguas de la mediocridad.

Judit March fuentes

Dra. en Psicología Clínica y de la Salud, Psicoterapeuta.


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